CONCURSO DE FILOSOFÍA 2013

         PREMIOS DEL CONCURSO DE FILOSOFÍA 2013.

El alumno premiado este año ha sido Amine Chebihi del Colegio Español de Rabat con la disertación titulada “Te declaro absuelto”. Reconocimiento especial a Wassim El Barkani, alumno del centro de Nador, por su trabajo titulado “Las dos caras del espejo”.

Te declaro absuelto

El tiempo de las colonias se ha acabado hace ya bastantes años. Hoy vivimos, como muy bien dice Javier Gomá Lanzón, en un mundo globalizado. En mi opinión, el etnocentrismo del que habla el autor, incorrección de la que se acusa principalmente a los occidentales, por querer imponer su cultura y modelo sociopolítico, mediante la violencia, ha cesado con la liberación de las últimas colonias.

Es cierto que vivimos en un mundo altamente impregnado de la cultura occidental pero, ¿puede considerarse ello una mala cosa? ¿Es lo mismo vivir en un mundo globalizado que en uno sometido al etnocentrismo?

Si occidente ha llegado a ocupar el lugar que ostenta actualmente en la hegemonía mundial, algo debió de hacer bien. Creo yo que esta situación en la que se halla se debe principalmente a su superioridad científico-técnica. Pero como muy bien planteado dejó Karl Marx, la estructura material condiciona la superestructura, la ideología. Es posible que esa superioridad técnica fuera la que propició los principios que sustentaron a esta sociedad: el laicismo, la igualdad, la libertad, la tolerancia… Aunque éstos tardaron en aplicarse, y en principio solo beneficiaron a un minoría selecta, pronto se generalizaron y surgió la sociedad occidental tal y como la conocemos.

Vivimos en un mundo globalizado: el etnocentrismo y la interculturalidad son dos términos que no deben confundirse. Esta interculturalidad debería ser la clave de la sociedad global actual: consiste en la convivencia pacífica de varias culturas, llegando hasta el mestizaje. Es cierto que el etnocentrismo fue una práctica muy difundida durante los períodos colonizadores, y también es cierto que los territorios ocupados sufrieron una fuerte aculturación. Puede considerarse entonces el etnocentrismo como etapa previa a la globalización.

Sin esa colonización, ¿Seguirían esas regiones, que en un tiempo fueron colonizadas, viviendo en un estado de barbarie? Muy probablemente la respuesta sea negativa, pero también es muy posible que no hubiesen alcanzado el desarrollo que conocen hoy en día.

Otro aspecto que distingue a occidente, es el de la autocrítica, sin duda alguna el factor principal del progreso. Como estableció Kant un sujeto solo puede ser o autónomo o heterónomo, no existe término medio. La heteronomía consiste en entregar la libertad a un líder que se hace cargo de todas las decisiones del subordinado. Sin embargo, la autonomía, de la que habló Kant en el siglo XVIII, es aquella facultad que posee el sujeto mediante la cual toma libremente las decisiones que han de regir su comportamiento, de acuerdo con su voluntad y con la capacidad de asumir las consecuencias de sus actos. Para ello debe el sujeto emanciparse, sentirse capaz de hacerlo y poder hacer autocrítica. Este segundo aspecto es el que subraya el autor en el texto.

Kant quiso proponer un modelo ético que pudiera poner de acuerdo a todo el mundo. A pesar de su profunda religiosidad, hizo autocrítica y se dio cuenta de que las religiones son el mejor instrumento del que se puede disponer para someter a otros individuos, por lo que decidió confesarse agnóstico.

El declararse culpable del que habla el autor, es una clara prueba de madurez. Lo han hecho los occidentales desde hace ya unos cuantos siglos, y les ha permitido progresar. Este es el aspecto que deberían imitar las sociedades que todavía no practican la autocrítica. El solipsismo y el dogmatismo, encerrarse en las propias ideas y convicciones, y solo aceptar las propias afirmaciones como ciertas, es una de las mayores causas de atraso. El que no se abre a nuevas perspectivas nunca podrá avanzar. Lo dijo Ortega y Gasset, que consideró que la vida es percibida por cada individuo de diferente manera, y que la síntesis de ellas era lo que llevaría al conocimiento.

Poniendo como título del texto Me declaro culpable, lo que pretende el autor, además de subrayar la importancia que siempre ha tenido la autocrítica en la moral occidental, es denunciar el etnocentrismo inicial que llevó a la situación actual. Él declara culpable a los occidentales de sus prácticas violentas sobre los territorios colonizados, del proceso de aculturación.

 Yo, como habitante de un país que ha conocido la colonización, y como sujeto que está inmerso en la cultura occidental desde su infancia, solo puedo agradecerle a occidente lo que ha hecho en mi país. Mi abuelo me dijo un día, que durante el protectorado hispano-francés en Marruecos, fue cuando se constituyó este país como tal, que deberíamos estarles agradecidos. Me he dado cuenta de que la colonización de un país más desarrollado sobre otro que lo está menos podría ser una buena experiencia para el país colonizado, que se aprovecha de una mejor organización política y social, una nueva visión de la realidad (el perspectivismo del que hablaba Ortega), un idioma nuevo. Claro está que la cultura y tradiciones del territorio ocupado habrían de ser respetadas por el ocupante.

Una occidentalización del planeta, como la que está ocurriendo en la actualidad, solo puede ser beneficiosa para la humanidad. El sistema democrático es el que reina, los derechos humanos rompen las desigualdades, o por lo menos lo intentan, y la división de poderes hace, de cada uno de los constituyentes de esta sociedad, un componente tan importante como insignificante. Muy lejanos están los recuerdos que se tienen en Europa  de los días en los que una persona, o un grupo reducido de ellas, concentraban todo el poder.

La cara mala de la moneda de la colonización es la que esconde ese intento de sobreexplotación de recursos naturales y humanos que se hizo de la población local. Esa búsqueda de los intereses de una oligarquía que se aprovechaba de la riqueza, ha dejado a gran parte de los pueblos de las antiguas colonias sumergidos en un profundo analfabetismo y dependencia económica, una dependencia que beneficia principalmente, como no, al antiguo colonizador, y, también a ciertos depredadores locales. De haberse hecho una colonización educativa y moralizadora, de haberse comportado como verdaderos déspotas ilustrados, el mundo en el que vivimos sería todavía mejor, y la reputación de las potencias colonizadoras no habría sido tan mala.

He observado que la propuesta comunista de Marx, además de bastante utópica  es poco factible, pero tiene elementos bastante atractivos. Esa sociedad igualitaria, en la que no habría lucha entre clases, puesto que solo habría una verdadera igualdad, sin estructura de poder alguna, y una plena satisfacción en el trabajo… es imposible pero realmente necesaria. Son numerosos los puntos positivos de esta utopía ¿Sería el empuje de la utopía, domeñada por una feroz crítica, la verdadera “solución” a la inevitable globalización?

Desde mi punto de vista, y entendiendo la globalización más como la consecución de un mundo multicultural, tolerante y abierto a todos, que como el intento de generalizar el mercado capitalista y sus productos, el comunismo, tal y como lo plantea Marx, sería esta especie de sociedad perfecta: ningún tipo de discriminación, una sociedad uniforme, sin clases… Es realmente atractiva la propuesta.

Para concluir, quisiera reiterar la crítica que hace el autor del colonialismo interesado, pero desearía sobre todo reconocer a la sociedad occidental actual su madurez cuando hace autocrítica, un aspecto que, independientemente de la ideología de cada uno, haría de este mundo uno mejor; y simplemente por eso declaro al señor Gomá Lanzón absuelto.

Autor:  Amine Chebihi.  Colegio Español de Rabat