PRESENCIA FRANCESA EN MARRUECOS

En tanto que profesora de francés y amante de la historia, mi estancia de seis años en el “Juan Ramón” (2007-2013), me ha permitido descubrir y analizar algunos aspectos de este extraordinario país, Marruecos. Por ejemplo,  varias  lecturas obligatorias de mi materia que presentaban como fondo histórico la época del protectorado francés, despertaron mi curiosidad hacia esos cuarenta y cuatro años (1912-1956) de presencia francesa. Y así fue como a través de la literatura y de escritores como Driss Chraïbi, Abdellatif y Jocelyne Laâbi o Fatima Mernissi, entre otros, entré en contacto con este momento histórico y los acontecimientos que allí se desarrollaron.

Pero mi curiosidad me llevó más allá y necesité entender las razones que llevaron a este país a la firma del Tratado de Fez que inaugura el Protectorado Francés y necesariamente tuve que orientarme hacia los grandes historiadores: Abitbol, Julien, Lugan, Miège, Rivet, etc. El resultado de esta pequeña investigación histórica  es este texto, que hoy me decido a publicar en nuestra revista, con el que quiero despedirme y agradecer a todo el alumnado y a todos los profesionales, ya amigos, que me han acompañado estos años y con los que tanto he aprendido.

Marina Paúles

(Profesora de Francés en el I.E. Juan Ramón Jiménez)

PRESENCIA FRANCESA EN MARRUECOS

Siglos XVI al XX (1577-1912)

Situado estratégicamente, Marruecos siempre desempeñó un papel importante como intermediario comercial entre África y Europa a través de sus puertos mediterráneos y atlánticos. Esta situación va a cambiar profundamente ya que a partir de 1415, fecha fatídica para el país, el rey de Portugal, Juan I el Grande, inicia una política expansionista de ocupación de plazas portuarias marroquíes como es el caso de Ceuta, Tánger, y Kasar Es Seghir, en la fachada mediterránea, y Larache, Azemmour, Mazagán, Safi, Mogador y Santa Cruz de Cap Gué, en la fachada atlántica.  A partir de ese momento, uno de los principales objetivos de los sultanes de las dinastías merinida, watasí, saadí y alaouita será la expulsión de los portugueses y, posteriormente, de los españoles y de los ingleses, instalados en sus costas. Esta expansión lusitana lleva consigo una reorganización que afecta al mismo tiempo a las rutas del comercio de las caravanas en el interior del país y al tráfico de los navíos de las grandes naciones europeas: por un lado Portugal, Inglaterra y España, países en un principio sin representación consular y representados directamente por sus comerciantes; por otro, las  Provincias Unidas de los Países Bajos y Francia, representados por sus respectivos cónsules. La primera presencia consular francesa en Marruecos data de 1577.

Desde finales del siglo XV (y hasta 1912), ya el imperio cherifiano, con el sultán Ahmed El Mansour (1578-1603) al frente de la dinastía saadí, está dividido en dos zonas: el Marruecos oficial, Bled El-Majzén, conjunto de tribus administradas por un organismo central y el Marruecos independiente, Bled Es-Siba, formado por las tribus que escapan al control y a la organización del estado. En el palacio del sultán son recibidos con fasto los renegados influyentes, los judíos, los negociantes cristianos, los embajadores  extranjeros y se firman tratados de amistad y de comercio.

moulay ismail

Sultán Mulay Ismaíl (1672 y 1727).

Bajo el reinado del sultán de la dinastía alaouita Moulay Ismail (1672-1727), numerosos comerciantes europeos, entre los que cabe destacar un gran número de hugonotes franceses, se instalan en los principales puertos marroquíes. El sultán se beneficia del monopolio de los puertos cuyas tasas aduaneras sobre todos los productos asciende al 10%. Marruecos compra armas blancas, armas de fuego, pólvora, telas de algodón, papel, cristal, té, café, azúcar, especias… Por su parte, Europa se abastece de cuero, trigo, cebada, habas, dátiles, rosas secas, cera, miel, almendras, tabaco, plumas de avestruz, etc.

Una de los obstáculos que dificultan estas relaciones comerciales es la gran actividad de los corsarios de Salé dotados de una potente flota de barcos rápidos, fáciles de maniobrar y capitaneados, en gran parte, por renegados, es decir, por europeos convertidos al Islam.  Las mercancías  y los cautivos resultantes de  sus operaciones son vendidos en subastas públicas. Los cautivos importantes son liberados bajo rescate, muchos marineros y viajeros anónimos pasan a ser propiedad del sultán y esperan durante años a ser comprados por órdenes religiosas como  la de los Mercedarios y la de los Trinitarios o a ser intercambiados. De esta manera, millares de cautivos cristianos viven en Marruecos, la mayoría en Mequinez donde trabajan en la construcción de los palacios reales, en el Versalles marroquí del sultán Moulay Ismail.

Reception of Louis XIV

Recepción de Luis XIV

A finales del siglo XVII, el comercio francés en Marruecos ocupa la primera plaza pero la actividad corsaria va a tener consecuencias diplomáticas negativas. Por un lado, Moulay Ismail y Luis XIV encuentran grandes dificultades para gestionar el intercambio de cautivos. Por otro, Marruecos no va a obtener el apoyo solicitado a  Francia para luchar contra España e Inglaterra que ocupaban ya lugares estratégicos en el litoral marroquí. Para solucionar estas tensiones, Moulay Ismail envía a la corte de Luis XIV a su embajador, Hadj Mohammed Temim y, en 1682, se firma el tratado de amistad de Saint-Germain-en-Laye entre los dos soberanos y sus naciones. Este tratado no fue de ninguna manera respetado por los corsarios y las relaciones entre los dos países siguieron deteriorándose llegando a prohibirse el comercio con Marruecos durante dos  años. Los contactos diplomáticos se mantuvieron y, en 1689, Luis XIV envía a Moulay Ismail una embajada, encabezada por François Pidou de Saint-Olon,  recibida con gran solemnidad en Mequinez, que fracasará también al no aceptar Francia la participación en una guerra contra España. En 1698, se realiza el último intento de solución del conflicto que tampoco prosperará. Moulay Ismail se comprometía a tomar medidas efectivas para  poner término a las actividades de los corsarios a cambio, una vez más, de la ayuda francesa contra España. Luis XIV se negó a luchar al lado de una nación musulmana en contra de una nación cristiana, además su nieto, Felipe V,  había ascendido al trono de España. Francia rompe las relaciones con Marruecos, los comerciantes y los cónsules franceses de Salé y Tetuán abandonan el país en 1715. Inglaterra aprovecha la situación y se implanta comercialmente en el país.

Más tarde, el sultán Sidi Mohammed Ibn Abd Allah (1757-1790) firma  un nuevo tratado en 1767 que relanza el comercio con Francia garantizándole un trato de nación favorecida. La presencia consular francesa se restablece y los cónsules pueden contratar a su servicio a autóctonos que escapan al pago de impuestos, al servicio militar y a la jurisdicción local. Este hecho va a tener una importancia crucial porque inicia un largo proceso de contratación, cada vez más numerosa, de marroquíes que van a trabajar con los franceses bajo la jurisdicción francesa.

A finales del siglo XVIII, la importante posición geográfica del continente africano y sus riquezas atraen la codicia de las principales potencias imperialistas europeas que van a lanzarse en expediciones coloniales. La industrialización, los adelantos tecnológicos y los avances médicos dan un nuevo impulso a los descubrimientos y hacen posible el acceso de las potencias europeas a la exploración y explotación de este continente.

En la base de esta ideología colonialista debemos señalar diferentes factores, en primer lugar, el interés comercial,  la necesidad de los países europeos de  proveerse de abundantes materias primas para las industrias modernas y de abrir nuevos mercados. Los comerciantes chocan con las estructuras preexistentes y solicitan la ayuda de sus países de origen que, a su vez, se apoderan de los puntos estratégicos necesarios para proteger los intereses propios. De la expansión comercial y la dominación económica se pasa al control político y a la ocupación territorial. Este es el inicio de la expansión política de las potencias colonizadoras que alcanza su culmen a finales del siglo XIX. Debemos señalar igualmente otros factores de orden político e ideológico, en efecto, en los países europeos, el empuje imperialista permite la afirmación del poder, la exaltación del orgullo nacional y se genera una especie de romanticismo colonial que transfigura la realidad y desvía la atención de la opinión pública de los problemas internos hacia el exterior.

Las sociedades de geografía van a contribuir, en todos los países imperialistas, a la propagación de la ideología colonial. Así, por ejemplo, en 1821 se crea, en París, la Société de Géographie. En las expediciones coloniales también está presente el espíritu científico de la época y el interés por conocer el continente africano: Ya, en 1795, el escocés Mungo Park descubre el Níger. En 1819, el francés Mollien inicia su expedición a Senegal. En 1826, el también escocés, Gordon Laing llega a Tombuctú. Dos años más tarde, en 1828, el francés René Caillié  es el segundo europeo que llega también a Tombuctú. Cabe destacar, igualmente, las expediciones de Livingstone que entre 1842 inicia la travesía del África Central y de Stanley. Al lado de estas sociedades geográficas, existen otras asociaciones. La más importante, en Francia, es el Comité del África Francesa, creado en 1890 y sus ramificaciones en comités especializados como el Comité de Marruecos que data de 1904. Su función es propagar la ideología colonial, hacer conocer las colonias y preparar a los franceses futuros colonos.

Otra componente de estas exploraciones es el espíritu humanitario ya que muchos de los primeros exploradores son misioneros deseosos de luchar contra el tráfico de esclavos y de propagar la fe. Pero, sin duda, el principal objetivo siempre fue el comercio.

En un primer momento, ante este hecho imperialista, la opinión pública francesa está dividida. Así hasta 1890, la derecha parece poco favorable pues en esta expansión colonial ve el riesgo de querer desviar la atención del país de la recuperación de las provincias perdidas de Alsacia y Lorena. Son los republicanos de la III República los que se mostrarán abiertamente a favor.

En el continente africano muchas de las regiones exploradas tienen un gran interés y van a ser codiciadas para la realización de grandes inversiones. Cabe destacar la zona comprendida entre Sudáfrica y Egipto rica en oro o la vía marítima que une el este con el oeste, el actual canal de Suez, cuyo control era crucial. Gran Bretaña y Francia se revelan como las grandes potencias colonialistas, poco después se incorpora Alemania como tercera potencia colonial. La rivalidad entre ambas y entre las otras potencias europeas estuvo presente durante gran parte de la colonización.

En el primer cuarto del siglo XIX, bajo el gobierno  el sultán Moulay Abderrahmane (1822-1859), el dinamismo conquistador de las potencias europeas es ya tan fuerte que Marruecos no tiene medios para defenderse. En 1830, fecha clave en la historia del Magreb, surgen graves preocupaciones de orden político y religioso  tras la ocupación de Argelia por parte de Francia. Los franceses rompen la continuidad de Dar al-Islam, la Casa del Islam, y, después de más de mil años de unión, Marruecos queda separado del oriente árabe. Se desatan numerosas revueltas y los marroquíes se sienten solidarios con los musulmanes de Argelia que luchan contra los cristianos. Con la finalidad de obtener la neutralidad del majzén en estos asuntos argelinos Francia envía una misión diplomática a Marruecos en 1832. Como consecuencia de los acuerdos firmados, el sultán no puede ayudar abiertamente a sus vecinos  y se enfrenta a la oposición de los oulémas, autoridades en materia legal y religiosa de Fez que consideran que la ayuda a Argelia es un asunto no sólo político y territorial sino también religioso.

La situación se agrava en 1844 cuando Francia ocupa la linde noreste del Sáhara y se produce el primer incidente fronterizo franco marroquí. El enfrentamiento entre los dos países es inevitable. Al oeste de Oujda, tiene lugar la Batalla de Isly. Las tropas marroquíes al frente del hijo del sultán, Sidi Mohammed, no pueden resistir al ejército francés, al mando del mariscal Bugeaud, equipado con armas modernas. Esta derrota supone un duro golpe para el país que nunca había perdido una batalla en su territorio y que, por primera vez, es consciente de su debilidad e impotencia frente a las potencias coloniales. En 1845, se firma el Tratado de Lalla Maghnia que establece la frontera entre los dos países desde el Mediterráneo, en Teniet Sassi,  al sureste de Oujda.

Desde su llegada al poder, el sultán, Moulay Abderrahmane, intenta abrir el país a sus socios comerciales europeos y firma convenciones con Portugal en 1823, con Inglaterra en 1824, con Cerdeña y Francia en 1825. Ya en 1828, se envía a Lisboa trigo desde Rabat. Hacia 1830, se embarca lana hacia Marsella. Se exporta, igualmente hacia diferentes puntos de Europa, miel, nueces, almendras, garbanzos, coriandro y cera. A través de los británicos, se importa azúcar de las Antillas y el té, que se había introducido en el país a finales del siglo XVIII, se convierte en bebida nacional y se importa de China. Hacia 1850, llegan los primeros grandes barcos de vapor. El puerto fluvial de Rabat presenta muchas dificultades para estos grandes navíos y se buscan otros puertos alternativos, entre otros, Tánger, Essaouira y Casablanca, que se convierte en el principal puerto del país. Comienza la expansión de la franja litoral atlántica que rompe el equilibrio interno del país que queda dividido en dos partes bien diferenciadas: el Marruecos moderno de ciudades marítimas abiertas al mundo exterior y el Marruecos tradicional. Esta orientación atlántica no lleva consigo la decadencia inmediata de las grandes ciudades del interior. Fez conserva su papel preponderante en la vida económica del país, Marrakech sigue siendo la capital económica del sur. El sultán intenta controlar las operaciones comerciales pero, las presiones de las compañías de navegación y de los negociantes, lo obligan a firmar en 1856 un tratado con Inglaterra, país que obtiene, tras la firma, la exención de impuestos, excepto los derechos de aduana. Se nombran igualmente cónsules ingleses en todos los puertos abiertos al comercio. Una parte de la burguesía marroquí logra enriquecerse al lado de los europeos y demanda poder, bien en el marco del majzén, bien al margen del mismo pero, obteniendo la posibilidad de comerciar libremente con los extranjeros.

sultan_moulay_abderrahmane_Delacroix_300En 1859, muere Moulay Abderrahmane y le sucede su hijo,  Mohammed IV (1859-1873). En este mismo año, tiene lugar la guerra con España, la llamada Guerra de Tetuán, que termina con la firma del Tratado de Paz de Ceuta de 1860,  por el cual Marruecos, entre otras cuestiones, debe pagar a España 20.000 duros/100 millones de pesetas. El majzén, incapaz de asumir la deuda, debe aceptar un préstamo, garantizado por los derechos de aduana, de la banca inglesa y a éste siguen otros generándose una gran crisis monetaria. No se logran recaudar los impuestos necesarios para controlar la economía del país que se endeuda cada vez más en los mercados financieros europeos. Ante esta situación de gravedad económica, el sultán y el majzén se refugian en Fez. Por su parte, los cónsules,  desde sus oficinas diplomáticas de Tánger, aprovechan para imponer sus exigencias y para rodearse de  negociantes extranjeros y de personal autóctono protegido que siguen quedando libres del  pago de impuestos, de la contribución militar y de la ley musulmana, la Charia. La debilidad militar del majzén, patentes tras las derrotas de Isly (1944) y Tetuán (1959),  y la imposibilidad de controlar la economía abren la vía de penetración europea que conducirá a la pérdida de la independencia del reino a principios del siglo XX. En 1863, se firma la convención franco marroquí.

A la muerte del sultán, Mohammed IV, ocupa el trono su hijo Hassan I (1873-1894). El inicio de su gobierno está marcado por revueltas internas en Fez, Mequinez, en el medio Atlas y en otros puntos del país. Siguiendo el modelo de su padre, continúa  abriendo el país al comercio exterior intentando conservar el control de las operaciones. Se amplían y acondicionan los puertos de Essaouira, Tánger, Rabat y Casablanca. Se crean líneas de ferrocarril. Se impulsa la agricultura con la finalidad de reducir las necesidades de importación. Se explotan las riquezas del subsuelo: carbón, plomo, cobre, hierro y antimonio. Todas estas reformas conllevan la necesidad de recurrir a personal europeo cualificado con lo cual el país está expuesto cada vez más a los extranjeros. La apertura hacia el exterior no es bien recibida por la población, los campesinos y los artesanos sufren una fuerte presión fiscal y se ven afectados por la competencia de los productos importados. Los oulémas se unen también a este descontento y  consideran que la adopción de costumbres extranjeras es peligrosa para la religión. Un clima de inseguridad general se instaura en el país en el que se siguen distinguiendo dos zonas: Bled El-Majzén, las planicies y ciudades donde se tributa y se guarda obediencia al sultán; Bled Es-Siba, los desiertos y montañas rebeldes.  Una de las principales preocupaciones de Hassan I es la creación de un ejército moderno. Para ello compra armamento a los europeos, contrata instructores de diferentes países y envía soldados marroquíes a academias militares en el extranjero. Desde el punto de vista comercial, como consecuencia de la conferencia internacional de Madrid de 1880, completada por el reglamento de Tánger de 1881, los privilegios de protección que favorecían solamente a Inglaterra y Francia se ven ampliados a Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Italia, Países Bajos, Portugal, Suecia, Noruega y Estados Unidos.

En el plano internacional, con la finalidad de resolver los problemas que plantea la expansión colonial en África y resolver su repartición se celebra la Conferencia de Berlín (1884-1885), convocada por Francia e Inglaterra y organizada por el canciller de Alemania, Otto von Bismarck. Estuvieron convocados catorce Estados: el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro, el Imperio Otomano, el Imperio Ruso, Bélgica, Dinamarca, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal Reino Unido, y Suecia. Entre los acuerdos tomados, se establece el derecho a reclamar una porción de la costa africana a condición de ocupar efectivamente el  territorio y bajo comunicación a los otros estados. De esta manera, se genera una competencia desenfrenada de misiones comerciales, diplomáticas y militares enviadas por países de Europa con el fin de ocupar territorio africano. Así, la costa mediterránea africana quedó en manos de Francia y el Reino Unido; la costa oriental se dividió entre los alemanes al sur y los británicos al norte. La costa occidental africana quedó en poder de los belgas, franceses y británicos. Los españoles se hicieron con el Sáhara Occidental, los italianos consiguieron Somalia y los portugueses extendieron o afianzaron su control sobre Angola, Cabo Verde, Guinea-Bissau, Santo Tomé y Príncipe y Mozambique, mientras los alemanes obtienen Namibia. Este reparto de África no consiguió resolver las tensiones y estallaron conflictos entre las principales potencias europeas por la posesión de las zonas más interesantes que desembocan en el estallido de la Primera Guerra Mundial, en1914.

La penetración francesa hacia el interior de África se realiza desde el actual Senegal hacia el este, a lo largo del borde sur del Sáhara, el territorio ocupado actualmente por Senegal, Malí, Níger y Chad. Su objetivo era doble, controlar el comercio de  caravanas que atravesaban el desierto y extender sus propias posesiones hasta Sudán, lo que le permitiría abarcar el continente desde el Océano Atlántico hasta el Mar Rojo. Por su parte, los británicos querían enlazar sus posesiones del sur, actuales Sudáfrica, Botsuana, Zimbabue, Lesoto, Suazilandia y Zambia con sus territorios del este, actual Kenia, y estas dos áreas con el nacimiento del Nilo. Sudán era la clave para la realización de ambos proyectos y es ahí donde tendrá lugar, en 1898, el incidente de Fachoda, conflicto que llevó al Reino Unido y a Francia al borde de la guerra. Un año más tarde,  los franceses y los británicos acordaron que los nacimientos de los ríos Nilo y Congo marcarían la frontera entre sus dominios. Este incidente, condujo posteriormente a la firma del Entente Cordiale en 1904, que designa las zonas de influencia  francesa y británica.

Tras la muerte de Hassan I, su hijo Abdelaziz, de 14 años de edad, es nombrado sultán (1894-1908). Ejerce de regente el gran visir Ba Ahmed (1894-1900) que descuida la formación del futuro sultán que, llegado el momento, adolece de los conocimientos y la disciplina necesarias para las funciones a desempeñar. Se rodea de todo un grupo de commis voyageurs, comerciantes viajantes ingleses y franceses, para hacer llegar los inventos de la técnica europea que le fascinan: la electricidad y el teléfono llegan al palacio real; se rodea de coches, pianos, fonógrafos, cámaras fotográficas, bicicletas y juguetes mecánicos; juega al tenis. El pueblo, profundamente religioso, rechaza su comportamiento. La ruina financiera de Marruecos se acelera, los préstamos a beneficio de la banca de París y de los Países Bajos van a sucederse, la deuda externa alcanza, en 1906, la cantidad de 206.000 millones de francos.

En enero de 1905, el consejero de estado, Saint-René Taillandier, llega a Fez encargado de una misión, dirigida por el ministro de asuntos exteriores francés Delcassé, que acelera la instalación del protectorado. Para asegurar las relaciones comerciales, el orden interno y la instalación de colonos, Francia presenta al sultán un gran programa de reformas: la reorganización del ejército y la aduana, la creación de una banca de estado y el desarrollo de grandes obras, todo ello bajo control francés. El sultán Abdelaziz resiste y contacta con agentes alemanes. Así, en marzo del mismo año, desembarca en Tánger el káiser Guillermo II lanzando un discurso en favor de la independencia de ese país que reta la influencia francesa en Marruecos. Para resolver esta crisis tiene lugar en enero de 1906 la Conferencia de Algeciras que intenta resolver la disputa entre Francia y Alemania  y el reparto colonial entre Francia y España de Marruecos. En la conferencia participan los embajadores de trece países: España, Alemania, Francia, Marruecos, Gran Bretaña, Austria, Estados Unidos, Bélgica, Italia, Países Bajos, Rusia, Portugal y Suecia. Entre los acuerdos firmados en  el Acta de Algeciras,  figuran las obligaciones de España y Francia de ejercer sus protectorados en Marruecos, quedando delimitada la zona sur para Francia y la zona norte a partir de la cordillera del Rif para España y la formación del Banco Estatal de Marruecos. Estos acuerdos generan un gran descontento en la población que acusa al sultán y al majzén de debilidad y traición.

En 1907, Moulay Hafid, ayudado por el pachá de Marrakech Tami el Glaoui, destituye a su hermano, Abdelaziz. Los oulémas de Fez le piden abolir los acuerdos de Algeciras y liberar las ciudades de Oujda y Casablanca, ocupadas por los franceses.

En julio de 1911, tiene lugar una segunda crisis franco-alemana iniciada por el despliegue del cañonero Panther que llega al puerto de Agadir con la finalidad de proteger a los alemanes instalados en el Sous de las revueltas en el interior del país. Tras cuatro meses de negociaciones, en noviembre del mismo año, se firma una convención por la que Alemania acepta, finalmente, la posición de Francia dejándole vía libre para la penetración en Marruecos. En el camino, Francia ha tenido que renunciar a parte de su presencia en el continente: frente a Inglaterra, Egipto; frente a España en El Rif, y, como consecuencia de esta última convención con Alemania, territorios en la actual República del Congo, localizados en África Ecuatorial Francesa.

El sultán Moulay Hafid, al igual que su hermano, se ve impotente e incapaz de mantener sus promesas. Bajo la presión de cinco mil soldados franceses acampados en los alrededores de Fez y de un clima de anarquía generalizado en todo el país, firma el Tratado de Protectorado Francés, llamado Tratado de Fez, el 30 de marzo de 1912.

 Mis agradecimientos a la profesora de Historia Mme. Leïla Maziane, de la Universidad de Casablanca Aïn Chock y al ex profesor de Secundaria de Francés y Árabe Mr. Mohamed Tabarak  por la ayuda aportada.

 FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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